Hay cosas que te llegan al alma, que te llenan la mente, y que te llenan el corazón, de algo que ni sabemos describir; son emociones tan grandes que no se como expresarles, eso me pasa cada vez que leo el discurso que dio el Gran Alejandro Sanz en la universidad de Berklee por su doctorado, que por cierto mas que merecido. Alejandro de quien me declaro Fan, por las emociones que transmite con su música, por como es, y por lo que es, ha logrado una vez mas ayudarme a sentir con tan solo escucharlo, me ha recordado el motivo por el cual escribo, por el cual amo la música y tocar mi guitarra, porque siempre hay algo mas, nosotros los músicos hablamos un idioma diferente, y creo que por eso es que me llegan tanto estas palabras, no pintar en blanco sobre fondos negros, y considero que ya soy amiga de lo incierto, y si algún día estas palabras llegan a los ojos de Alejandro, solo puedo decirte ¡Gracias Maestro! porque despertaste en mi lo que hace tiempo había muerto, tus letras y tus melodías son parte de mi día a dia, gracias a ti, sé lo que es poesía. Bueno acá dejo el discurso, Léanlo si que vale la pena.
Buenas tardes. Hoy descubro entre contento y divertido que los acentos son un regalo.
Ustedes representan mejor que nadie esa maravilla que es la diversidad.
Este colegio es la muestra viva, vibrante, cimbreante, de que la diversidad cultural es la llave de la conquista del conocimiento.
Por eso, hoy no pediré disculpas por mi acento, hoy celebraré con ustedes este
acento peleón y rebelde que me dieron mi país, mi cultura y mis padres.
Hoy sólo trataré de que al menos se me entienda, aunque sé que en eso,
la música me salva, me avala.
Ustedes estudian en la mejor escuela de música del mundo y les dirán que la música es matemática. Yo estoy de acuerdo, la música es matemática, pero la matemática, no es música.
Una de las mayores conquistas del ser humano es la de nuestras emociones.
Una de las mayores revoluciones a la que podemos aspirar como especie, es a
mantener viva la necesidad de explorar, de descubrir, la sed de aventura.
Resulta que después de una vida dedicada a la búsqueda de la última frontera,
esa última frontera es, la misma por donde empezamos: nosotros mismos.
Nuestra fuente creadora es nuestro corazón.
Creemos conocer nuestra alma, creemos que nuestra sensibilidad no tiene
secretos para nosotros y pensamos que es cuantificable y todos, en algún
momento, pensamos que hemos agotado el manantial de nuestro elixir, el agua
de la belleza que lo empapa todo a nuestro alrededor.
Todos en algún momento nos convencemos de que nuestra inspiración tiene
límites, que nuestro afán por crear emociones en los demás está en el corazón
de quien escucha. Pero está en nosotros… en nuestra esencia como músicos.
Nuestra naturaleza es exprimir el clímax de la provocación.
A veces creemos
que el manantial se seca, pero el agua siempre vuelve a brotar. Por qué
nosotros trabajamos con un instrumento que nunca se desafina, nunca se
rompe: la emoción.
Es más importante el soniquete que el ritmo, es más importante la clave que el
ritmo, es más importante el metal de la voz que el timbre, es más importante el
swing que la cadencia.
Es importante que nos abandonemos a nuestros defectos y a nuestros vicios
musicales para luego resurgir en algún momento en la belleza de una nota que
finalmente se alía con nosotros.
Debemos desprendernos de los prejuicios, la música nos llena y nos viste pero
también nos expone, nos puede hacer vulnerables y solo cuando descubres en
tu vulnerabilidad tu propio poder, te puedes sentir finalmente libre y te haces
fuerte.
El ejercicio de la música no es sólo una cuestión de habilidades, también de
actitud, de firmeza, de compromiso.
Un amigo mío explorador experto en el hielo ártico me decía que cuando alguna
vez, en mitad del casquete polar, en condiciones climatológicas terribles y
cuando se llega realmente a temer por tu propia vida, lo primero que hay que
hacer es: "aceptar”.
Aceptar que no hay escapatoria, que no hay solución posible, aceptar que vas a
morir; y lo segundo que hay que hacer es luchar con todas tus fuerzas para que
eso no pase.
Bueno, eso no sirve en la música. Perdón por el suspense… En la música nunca
hay que aceptar que no puedes hacer algo, siempre hay que luchar por
encontrar el camino de la belleza, sea cual sea el concepto de belleza que cada
uno aplique.
Siempre hay un acorde esperándote más allá de tu cansancio o de tu
frustración. Siempre hay una nota, un acorde, una frase que te espera un
segundo más allá del momento en que te ibas a rendir.
La belleza no siempre es guapa, a la belleza se llega también a través de la
contundencia, de la desesperanza, de la agresividad verbal, de la verdad. Las
verdades tienen en su solidez la belleza de lo inamovible, de la escala
incuestionable. Es como esas melodías que viajan sobre esas armonías en las que mientras
que las escuchas, no se te ocurriría cambiar ni un solo acorde. Cuando
escuchas una pieza y no estas arreglándola en tu cabeza, es cuando esa pieza
es perfecta.
Hoy es un día que jamás olvidaré, como el día que mi padre me regaló mi
primera guitarra.
Ustedes me conceden un honor que, sinceramente, me cuesta creer que
merezco. Porque yo aún me veo como aquel niño que, sentado al lado de mi
padre, trataba de imitar sus acordes. Los dedos no me llegaban a muchas de las
posturas, como hoy, que no me llega el corazón para agradecerles este
reconocimiento.
Es un orgullo presentarme ante ustedes como un humilde compositor y un
modesto músico que ama profundamente su profesión. Mi gran pasión, mi
música, mi barco velero con el que surco la vida, mis velas se inflan con
momentos como este.
Berklee, les he mirado durante toda mi vida con admiración y con respeto. Con
la alegría de saber que aquí se forjan los músicos del presente y del futuro.
Ahora les miro como algo mío y me siento parte de esta familia con todo el
orgullo del mundo.
Sigan adelante, a cada abismo un puente, a cada muro una escala, a cada pero,
otro. A cada problema imaginario, un instrumento inventado, un acorde que no
existe. Una melodía que aún no se ha creado.
Le dedico este momento a mi padre y a mi primera guitarra, y al flamenco, con el
pudor que espero entiendan, acepto este Doctorado.
A veces sueña con tu alegría mi melodía. A veces sueño del aire que nos
caemos.
La música no tiene prisa pero puede ser veloz como el viento. La música no
tiene complejos ni miedos.
La música es un espejo que con el tiempo será un techo y un lecho. Será tu escudo y tu escudero. Será tu templo, la música te hablara al oído, la música te
latirá en el pecho.
No busquéis en lo fácil, ni en el virtuosismo. Vosotros, músicos de corazón, no
cabéis en los agujeros, ni en los trastes, ni en las teclas, ni en las llaves, ni en
los parches. No pintéis en blanco sobre fondos negros. No busquéis el sol para
fundir el hielo. Buscad siempre en el laberinto.
Haceos amigos de lo incierto. Remad siempre con fuerza hasta que se divise el
puerto. Porque lo mágico, lo único, lo bello... nunca camina por lo evidente del
sendero.
Lo extraordinario nunca es fácil, aunque pueda parecerlo…luego.
Nunca hay que olvidar de dónde venimos. Lo que somos depende en gran parte
del sitio donde nacemos y del sitio donde bebemos. Hay escuelas que se
pierden como se pierden los pueblos, porque a veces nos fascina más un trozo
de hielo en Marte que siete mares en este planeta nuestro.
Respeto…. respeto a nuestros maestros: trovadores, boleristas, soneros,
mariachis, tangueros, flamencos, salseros y cantautores, melódicos, roqueros,
bachateros. Nuestros músicos, nuestros cimientos, no les olvidéis nunca, no les
contaminemos. Cuando te alejas de tu música madre es como si le soplaras al
viento, como si le escupieras al océano.
Hay que prepararse para el ruido, la opinión, el juicio de terceros… que no te
afecte. La duda es buena, la falta de carácter es el embrión del trueno.
He atravesado desiertos de silencio para llegar aquí, he remado entre hojas
secas para poder estar aquí, he lanzado al aire millones de latidos como
bengalas para finalmente, verme aquí. Hablándoos. Y mereció la pena.
Este segundo de alegría se lo dedico a mi país.
Este otro segundo, es a mi padre y a mi madre. Que siempre y nunca creyeron
en mí.
El tercer segundo, a mis hijos y mi mujer, que son mis heridas abiertas por donde saldrá lo que me quede por escribir.
A la música le dedico el resto.
Porque siempre caminó junto a mí. La música no se acaba, todo lo demás tiene
fin.
Todo llega, todo pasa. Lo del medio depende de ti.
Desde el fondo de mi corazón. Gracias
Entre todos los reconocimientos, como entre todos los versos.
Entre todos los momentos, como entre todos los besos.
Entre todos los sueños, entre todos los anhelos, este, esto…









